Microfinanzas contra la pobreza

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“Las Microfinanzas están llamadas a cumplir un rol cada vez más importante en la escena internacional y su verdadero desafío es llegar a los sectores más pobres. Es necesario que los gobiernos de los países del Norte canalicen hacia esas actividades parte de los cuantiosos fondos destinados al salvataje de los bancos. Y que los gobiernos de América Latina produzcan cambios regulatorios que permitan a las Instituciones de Microfinanzas captar ahorros para poder financiar sus actividades.”

Estas son ideas expresadas por el Dr Muhammad Yunus, quien tiene bien ganado el título de precursor de estos programas en el mundo por lo que
recibió el Premio Nobel de la Paz 2006.
Por Marta Bekerman*
El Dr Yunus puede ser considerado hoy como un verdadero embajador de la lucha contra la pobreza. Tuve oportunidad de conversar con él en ocasión de la Cumbre Regional del Microcrédito para América Latina y el Caribe que se realizó en Cartagena de Indias en la primera semana de junio de 2009. Presento aquí algunas de sus principales ideas que vale la pena tenerlas en cuenta frente al momento actual.
Los programas de Microfinanzas están llamados a recibir un recononocimiento creciente en la escena internacional. Es que ante la presente realidad, de fuerte pérdida de empleos, los políticos se verán obligados a buscar nuevas opciones para resolver los problemas de la gente. Siempre reconocemos que las crisis generan oportunidades de revisar lo que no funcionó, por lo que se debe terminar con un sistema que negó el acceso al crédito a los sectores más pobres. Aquí Yunus hace un llamado a los gobiernos de los países centrales para que al menos el 10% de los miles de millones de dólares que están gastando, para salvar instituciones que cometieron errores, sean destinados a crear un Fondo Global para Programas de Microcréditos. Es decir para ayudar a resolver los problemas de las verdaderas víctimas de esta realidad.
Por otro lado enfatiza, como siempre, que las Microfinanzas deben ofrecer servicios financieros a los más pobres y a los menores niveles de interés, para que puedan generarles ingresos,. Esto significa “que nuestro trabajo debe ser definido por aquellos a los que no alcanzamos. Son ellos los que deben ser el eje de nuestro accionar”.
Además plantea que es necesario diversificar los servicios financieros incorporando actividades de seguros, salud y educación.
Para hacer posible todo esto se requiere que los estados cumplan un rol regulatorio muy definido. Las Instituciones de Microfinanzas necesitan una legislación que les permita recibir ahorros. En esta materia están funcionando, hasta ahora, de manera casi ilegal.

Es que los marcos regulatorios están preparados para instituciones con lógicas comerciales. Por eso para Yunus es urgente, por un lado, sancionar una ley que las autorice a captar ahorros y, por el otro, crear una Agencia Regulatoria de las Microfinanzas que controle el accionar y transparencia de estas instituciones. Como se hizo en Bangla Desh, esa Agencia debe ser diferente a la que regula a los bancos comerciales. Además el Estado de be cumplir una función de protección de los prestatarios mediante la fijación de niveles máximos a las tasas de interés de los créditos
otorgados El avance más notable de estos programas hasta el presente tuvo lugar en Asia. Yunus señala que el 85% de los receptores de microcréditos están en ese continente mientras que sólo el 15% restante se divide entre América Latina y Africa. Por otro lado en Asia fueron desarrollados con una clara lógica de ayudar a los sectores excluidos, mientras que en América Latina fueron interpretados, en muchos casos, con un criterio comercial o de obtención de ganancias. En ese contexto Yunus quiere rescatar a lo que denomina como “empresas sociales” (social bussiness). Son aquellas que, si bien contabilizan ganancias, las reinvierten para alcanzar objetivos sociales. y de protección del medio ambiente. Señala desafiante que esta idea puede parecer loca a los
fundamentalistas del mercado porque parece ir contra la teología del capitalismo. Pero esas posturas, que niegan la naturaleza multidimensional del ser humano, desprecian la posibilidad de resolver los problemas sociales más apremiantes. Por eso llama a crear una base teórica que, a partir de distintos microfundamentos sobre el comportamiento de los hombres, ayude a resolver los problemas de la pobreza.
En relación a la Argentina considera como muy buen paso la creación de un Fondo para el Financiamiento de las actividades de Microcréditos y, sobre todo, que se consolide y
facilite su funcionamiento. Por otro lado vuelve a remarcar la necesidad de contar con una legislación simple que permita que las Instituciones de Microfinanzas puedan recibir ahorros y ser controladas en su accionar por una agencia reguladora específica.
En este campo sugiere que se puede ir avanzando desde ahora, en forma gradual, con permisos temporarios a aquellas instituciones que cumplen con ciertas reglas para ir abriendo caminos hacia un verdadero proceso de inclusión financiera.

* Investigadora de la UBA y del CONICET y Presidenta de la Asociación AVANZAR
(www.avanzar.org.ar)